Entre la pasión y el algoritmo: una crónica sobre periodismo local
Publicado28 Feb 2026
AutorM. Petrova
Tiempo de lectura4 min
Entrada#022
**Entre la pasión y el algoritmo: una crónica sobre periodismo local**
La desaparición de los medios impresos y de muchos digitales locales, suele narrarse con cifras, diagnósticos y gráficos. Se habla de crisis del modelo de negocio, de migración de audiencias, de plataformas que concentran la atención. Todo eso es cierto. Pero entender el fenómeno desde la teoría es una cosa; presenciarlo de cerca es otra muy distinta.
Oficina vacía con escritorios ordenados bajo luz fría
Antes de 2020 conocí de cerca el funcionamiento de un medio local. No desde la nostalgia, sino desde la precariedad cotidiana. Era un proyecto periodístico que ya vivía bajo presión: menos ingresos, dependencia de la publicidad gubernamental, una competencia fragmentada más marcada por la rivalidad que por la colaboración. Aun así, todavía sostenía algo que hoy resulta excepcional: una convicción profunda en el oficio.
La literatura académica ha sido clara al señalar que los medios tradicionales entraron en crisis cuando perdieron el control de la distribución (McChesney, 2013; Couldry, 2019). Las redes sociales no solo desplazaron a los periódicos como intermediarios informativos, sino que instauraron una lógica de visibilidad basada en la velocidad, el volumen y la reacción inmediata. En ese ecosistema, el periodismo que investiga verifica y contextualiza pierde terreno frente al contenido que capta atención rápida.
Lo vi ocurrir en tiempo real. Un medio que intentaba adaptarse a lo digital sin renunciar del todo a sus principios editoriales. Un equipo reducido que hacía más con menos. La búsqueda constante de estrategias para sobrevivir en plataformas que no fueron pensadas para el periodismo, sino para la monetización de la atención. Intentos de obtener apoyo de fundaciones, de encontrar alianzas, de reconfigurar el modelo. Nada fue suficiente.
Uno de los elementos que más me marcó fue comprobar cómo la pasión —esa que suele idealizarse en las narrativas sobre el periodismo— no garantiza la supervivencia. Al contrario: en ciertos contextos, insistir en un periodismo original, crítico y con criterio editorial propio puede volverse un obstáculo. No porque no tenga valor, sino porque no encaja con el algoritmo.
Pilas de periódicos antiguos o maquinaria de imprenta detenida
Desde la comunicación sabemos que los medios no solo informan: construyen realidad, memoria y comunidad. Cuando un medio local desaparece, no solo se pierden empleos o marcas editoriales. Se pierde una forma de mirar el entorno, de narrar lo cercano, de dar continuidad a las historias que no suelen interesar a los grandes conglomerados. Esa pérdida no siempre es visible de inmediato, pero deja un vacío profundo.
Para mí, recién egresada, fue un golpe de realidad. En el aula había leído sobre la crisis del periodismo, sobre la concentración mediática, sobre la precarización laboral. Pero ver cómo un proyecto se desmorona, cómo los equipos se dispersan, cómo la incertidumbre se vuelve parte del equipo, activa otra capa de comprensión. Una que no es solo intelectual, sino emocional.
Lo más doloroso no fue el cierre en sí, sino la sensación de inevitabilidad. La idea de que, en ciertas localidades, no existen condiciones mínimas para que el periodismo independiente sea sostenible. Que no basta con saber comunicar, adaptarse o innovar si el entorno económico, político y tecnológico no acompaña.
La reinvención sigue siendo una posibilidad, aunque no siempre adopte la forma que imaginamos. Muchas veces implica desviarse, pausar, cambiar de giro para poder volver más adelante. Es complicado verlo como una derrota definitiva, sino mirarlo desde un nuevo inicio para replanteamientos y reconfiguraciones.
Tal vez la pregunta ya no sea cómo salvar a los medios tal como los conocimos, sino qué condiciones necesitamos construir para que el periodismo como práctica social y ética pueda seguir existiendo. Y qué estamos dispuestos a perder si aceptamos, sin demasiada resistencia, que todo puede ser reemplazado por contenido.
Este texto no busca nostalgia. Busca ser registro y testimonio de lo que aconteció. Porque entender y aceptar que estamos frente a algo que está desapareciendo es el primer paso para decidir si queremos, o no, dejarlo ir.
*M. Petrova*